El genio

Se llama Joel Nicolas, tiene 5 años y es un genio. Lo atestiguan las innumerables medallas, diplomas, trofeos y otros reconocimientos de los mejores colegios y entidades especializadas en concursos de matemática.

Estudia mañana tarde y noche, de 8 a 4 en el colegio y de 5 a 10 en la academia; pero solo su especialidad: matemáticas; “Lo mas difícil y único que importa” como dicen padres y profesores. Ya ha memorizado la orientación, números hasta el 60, figuras geométricas, suma y resta; y mucho mas. Todos lo dicen: “Esto es un genio”.

Sus padres rebosan orgullo, su hijo no sera como ellos, sera un ingeniero, ganara mucho dinero y los mantendrá; después de todo ellos sacrifican todo su tiempo y esfuerzo -y siempre se lo recuerdan- para llevarlo a las competencias y comprarle las costosas vitaminas cerebrales que han recetado en la academia.

Eso si, el genio no habla, señala o usa otros gestos para comunicarse; no interactúa, da ordenes gritando sonidos ininteligibles; no hace nada a menos que le den regalos; y ni si quiera sabe vestirse, ir al baño o comer; los padres están para eso. Y no olvidar que necesita la TV mas moderna, el mejor celular y tablet, la ropa de moda, y todo lo que considere se merece; pero eso si, los padres le dan todo. “Todo genio es así” dicen.

Pero en el ultimo concurso ocurrió algo inverosímil, al genio se le impidió participar, lo que desato la furia de sus padres y profesores, que lanzaron expresiones como: “Están truncando nuestro futuro”, “Miren todas nuestras medallas”, “Sin este el concurso no sirve”, “Es envidia contra nuestra academia” y muchas mas; que solo se detuvieron cuando el presidente del concurso se acerco a decirles:

– ¡Dejen de jorobar! Tiene 5 años y no sabe escribir su nombre, ¡No participa!.

Entonces el padre expreso perfectamente el sentir de todos:

– ¡Sera cojudo! ¿Escribir? Este sera ingeniero, no escritor.

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El genio

La “violación”

– ¡Me han violado! – grito la pequeña Angelina.

Su madre la escucho y se asusto mucho, se acerco despacio y la vio muy tranquila jugando con su hermanito. Luego recordó que la pequeña estaba todo el día en la escuela con sus “monjitas”, las mismas que le habían enseñado, las mismas que eran las mayores guardianas de la tradición, imposible que hubiera sucedido algo allí; así que pensó que había oído mal y lo olvido.

El padre la escucho otro día, pero estaba preocupado con su trabajo, además los hijos son responsabilidad de la madre y recordó a las “monjitas”; no se preocupo mas. Algo parecido paso con el abuelo -el que pagaba la casa y comida para todos- y con la abuela -que pagaba todos los gastos de los niños-; ambos recordaron a las “monjitas” y lo buena que había salido su hija; ni mencionaron el tema.

Sin embargo Angelina grito otras veces la comprometedora frase y la madre decidió hablar con la profesora, aprovechando la reunión de padres. Así que llego puntual y -como nunca- su esposo la acompaño, quedando sorprendidos de que lo mismo hicieron muchos otros esposos, de las miradas alarmadas de las otras madres y de la desconfianza que se veía en todos los rostros.

Pero pronto la madre “Teresita”, desde siempre la miss de 4 años, despejo sus dudas y temores: “Para proteger mejor a sus hijitas, les he explicado que si cualquier hombre las toca, entonces es violación; de esa forma las niñitas están advertidas de todos esos que no son como nosotros; gente sin trabajo, pobres, negros e indios.” Los padres quedaron completamente satisfechos, olvidaron todo lo pasado y empezaron a conversar animadamente.

Cuando miss “Teresita” escucho muchas risas salio a callar a las niñas y las encontró jugando con sus amiguitos del colegio de los Padres. Estaban jugando a las “chapadas” y algo llamo su atención; cada vez que un niño lograba rozar a una niña, esta reía reconociéndose vencida y a la vez gritaba muy fuerte:

– ¡Me han violado!

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La “violación”

Mhacyettniiff

Habían probado miles de nombres para su bebe, pero ninguno cumplía los dos requisitos indispensables; ser un nombre que nadie mas tuviera y que a la vez fuera muy famoso. Hasta que un día ella lo escucho, completamente desconocido y casi impronunciable; lo miro y él comprendió que era el nombre perfecto, pertenecía al nuevo futbolista de moda y millones de personas lo usarían; pero ninguno como ellos. Así que buscaron -y encontraron- la escritura perfecta del nombre, dijeron y explicaron como se escribía al registrar al niño y se sintieron los mas felices porque estaban seguros que nadie escribiría el nombre como ellos. Con ese nombre su niño seria recordado, seria único, tenia el futuro asegurado.

El niño estaba a punto de iniciar el jardín y sus padres estaban muy molestos porque todo mundo -excepto ellos- lo llamaba niño y nadie por su nombre, completamente seguros de que era debido a la envidia o a la estupidez, como habían podido comprobar con cantidad de niños y adultos que no se aprendían el nombre. Llego el día y el pequeño ingreso algo nervioso al aula e inmediatamente la profesora les coloco un lápiz en sus manos, una hoja con un dibujo muy extraño y fue uno por uno explicando como repetir el extraño dibujo de la hoja y poco a poco los niños lo lograron, pero él no; el dibujo era muy grande y complicado, le dolía la manito y no tenia ninguna idea de que era y aun peor para que hacer un dibujo tan feo.

Cuando termino la clase la profesora muy molesta lo arrastro hasta la oficina del Director mientras pronunciaba palabras que no comprendía como inútil, bruto, bestia y expulsión. El director se puso furioso, le grito e inmediatamente mando a llamar a sus padres. Ellos llegaron lo antes posible -el molesto por haber interrumpido su partido y ella por su novela- y el director les explico que su niño no sabia escribir su nombre, que era retrasado y por ello lo expulsarían del colegio; ellos no podían creerlo y luego empezaron a gritar a la profesora al notar que el nombre estaba mal escrito.

Y empezó la discusión sobre la escritura correcta:
– Así se escribe ignorantes -decía el director y mostraba Mat yecnifh.
– No, viejo tonto -elevaba la voz el padre, presentando MaccYetnnif.
– Cállese animal -bramaba la profesora, exhibiendo su Mhad-lledniif.
– Si serán burros -decía gritando la madre, escribiendo maabllhecnic.

Así hubieran seguido por siempre, sino fuera por el niño que les mostró el nombre escrito correctamente en su cuaderno -Mhacyettniiff-, lo miraron con temor e inmediatamente el director empezó a tramitar la expulsión, la profesora a hablar de un centro para “niños especiales” y los padres a maltratar al niño y lamentar su mala suerte.
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Mhacyettniiff

La renegada

Diolmira era viuda y su única familia eran sus 2 hijos, uno que recién había empezado la escuela y el otro que había empezado a trabajar; por eso se sintió muy contenta cuando el patrón le dijo un día: “Vente pa’ que laves mis pantalones”. Pero la alegría le duro muy poco; el patrón -dueño de tierras, autoridades y la religión- quería de ella otros “servicios” que la llenaron de vergüenza y zozobra.

Después de mucho rehuirlo, evitar sus agarres, agachar la cabeza y llorar; decidió encomendarse a su Virgen de los Imposibles y con mucho fervor le rezaba a toda hora, esperando que el patrón olvidara su capricho y ella no perdiera el trabajo. Y un día el patrón ya no la persiguió y pronto se entero que había empezado a “salir” con la patrona del señor Cura; por lo que agradeció de todo corazón a su Virgen; sin imaginar lo que vendría después.

Un domingo se levanto temprano y se dirigió al templo como cada semana, pero no pudo entrar; las señoras de la hermandad -encargadas de “ayudar” al cura- le impidieron entrar gritándole: “No queremos una renegada” y a la vez la empujaban y le jalaban el vestido. Ella trato de hablar pero sus esposos -capataces del patrón- empezaron a golpearla por “renegar de la religión” y tuvo que huir.

Al caer la noche lloraba sola en su cuarto sin trabajo, sin nadie que la escuchara, sin haber comido -nadie había querido venderle nada- y sin dinero, que la policía le había quitado alegando “los renegados no necesitan plata”. Pero no lloraba por ella, lo hacia por sus hijos, que la miraban muy asustados no solo por lo que habían oído decir “renegó de la virgen”, “no cree en los santos”, “no le reza a la Cunchita”; sino también porque les habían quitado sus pertenencias y los habían corrido con piedras e insultos.

Tuvo que irse a vivir en una casita alejada, viajaba a la ciudad vecina a trabajar en lo que hubiera y siempre con sus hijos que no podía dejar solos. Apenas si les alcanzaba para comer, las ropas cada vez mas desgastadas, flacos y con la cabeza gacha; y la gente los miraba y decía “castigo de la Virgen” o “eso les pasa por renegados”, pero mas frecuentemente: “los renegados viven así, ellos no necesitan nada”.

Y llego el Viernes Santo, ella quería ir a la procesión aunque sabia que era imposible, pero ante los ruegos de sus hijos decidió esconderse con ellos cerca de donde iba a pasar, con lágrimas en los ojos rezaron muy fervientemente para que se apiadaran de ellos; y la respuesta no tardo en llegar.

Al día siguiente el hijo mayor salio a recoger agua, pero estaba tan cansado por la noche anterior que no noto que por detrás se acercaban sus “amigos”. Ellos empezaron a gritarle “para que agua, los renegados no necesitan nada”, y a pesar de sus ruegos se acercaron mas y mas, lo cogieron y lo tiraron al pozo. El gritaba pidiendo ayuda y la gente pasaba y pasaba, lo miraban y decían “ellos se ayudan solos”.

Ella y su hijito se enteraron, él intento sacarlo y ella suplico de rodillas a todos para que los ayudaran; pero eran “renegados” y todos estaban muy ocupados con la Semana Santa, seria un gran pecado descuidar sus deberes religiosos. El pequeño al notar que su hermano estaba a punto de morir intento bajar, pero no pudo.

Diolmira sola intento de todo, volvió a llorar y suplicar, pero su pecado fue rogar por la Virgen, inmediatamente la golpearon y la llevaron hasta su casa. Al entrar en ella apenas si estaba consciente pero pudo oír que decían “pero si los renegados no necesitan nada” y noto como se llevaban todo, pero lo único que quería era volver a ayudarlos.

Durante la misa de Domingo de Resurrección Diolmira -en la completa indigencia al no tener ni a sus hijos- murió de hambre y sed, pero a nadie le intereso; todos estaban muy ocupados en sus deberes religiosos y esa noche cuando vieron el cadáver se persignaron y dijeron “Que bien que yo si cumplo con Dios, no como esa renegada”.

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La renegada

El 11

Cuando solo tenia 7 meses de embarazo su mama tuvo un accidente trabajando y el embarazo -que era de alto riesgo- se vio tan comprometido que se le hizo la cesárea y nació. Los padres lo vieron pequeño, enclenque, oscuro y de 7 meses; sobrevivió pero siempre fue lento para entender las cosas, algo normal en un niño con sus características.

Como no había esperanzas para él no le buscaron un nombre especial, pero le pusieron Cristo; confiando en que desde arriba alguien lo cuidara, ya que ellos nada podían hacer. Sin embargo, al tener sus limitaciones, todo lo aprendió después de tiempo y con mucho esfuerzo.

Por ello el primer día de clases los padres le dijeron a sus profesores: “Nació a los 7 meses por lo que es tontito, con que apruebe suficiente”. Sabiendo eso su profesora lo sentó junto a ella, le explico todo bien lento, no le exigió y tuvo mucho cuidado en tenerlo quieto; pero el niño miraba extraño y hablaba mal; le dio miedo por sus niños y evito que se acercaran a él; pero además hablo con los otros profesores para que tuvieran cuidado.

El primer examen confirmo lo dicho por los padres, la profesora comprobó que esos niños nunca aprenden nada, pero para evitarse problemas lo aprobó con 11. Los padres contentos porque estaba aprendiendo -para eso estaban pagando tanto dinero- y sorprendidos de que lograran lo que ellos nunca pudieron. El niño parecía muy triste, pero nacio de 7 meses y son bien lerdos.

Y así pasaron los años, los profesores siempre lo aprobaban con 11 -con las justas- aunque sabían perfectamente que era un bruto y no aprendía nada, de hecho ni se acordaban de su nombre, más fácil era decirle “El 11”. El ya joven era cada vez más hosco y taciturno, pero los padres felices de que siguiera aprobando y los profesores aliviados porque nadie se había contagiado.

Al terminar el colegio “el 11” no pudo estudiar nada, se puso a vagabundear y un día desapareció; los padres se mostraron muy tristes pero se sintieron muy aliviados -ya no tendremos esa pesada carga, pensaron- y sus profesores siempre que lo recordaban sentenciaban: “Que se podía esperar de ‘él 11’, si era bruto de nacimiento”.

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El 11

La benefactora

Marianne Hawkins-Stein de Mayer-Brahms no desaprovecho la oportunidad de viajar a esa provincia tan pintoresca donde hay “negritos” lo mas pronto posible, eso si; verificando antes que todos los servicios indispensables para una persona “civilizada” estuvieran disponibles, que los alrededores estuvieran debidamente asegurados y que se pudiera pasear con toda tranquilidad.

Regreso a su mansión muy contenta, los “negritos” eran más pintorescos de lo imaginado, pero lo mejor fue un joven: Mendigo, feo, fofo, sucio, mal vestido, analfabeto y lo mejor de todo manco. Al principio no supo que hacer, nunca había visto un mendigo -ni si quiera sabia que existían- pero cuando lo comprendió se dio cuenta que el seria su buena obra del día.

Era perfecto para ayudarlo, y lo ayudo porque Marianne es una “benefactora”, una persona que ayuda a los demás, pero desinteresadamente y sin esperar nada a cambio; no como su mama que lo hace para proclamar en sus grupos religiosos lo buena que es o  su padre político que lo hace para ocultar sus extrañas ganancias económicas o su esposo que lo hace para que sigan trabajando a pesar del sueldo paupérrimo que les paga.

Para ella fue muy difícil encontrar como ayudarlo, aunque tuvo muy buenas ideas: una cirugía plástica, un vale de un año a un spa o a una tienda de ropa; pero al final comprendió que lo mejor era darle una herramienta que le permitiera triunfar en este mundo tan competitivo y encontró el regalo perfecto. Le dio su Iphone de ultima generación, actitud que fue muy alabada por todas sus amigas “benefactoras” y que todas imitarían apenas vieran un mendigo; y a ella le dio una satisfacción de por vida al asegurar el éxito de un ser humano, impensable sin dicho aparato.

El mendigo sigue igual, pidiendo en su mismo sitio, pero ahora esta seguro de su superioridad sobre el resto del mundo y se los recuerda cada vez que alguien le recrimina algo: “¡Calla mierda! Yo tengo mi Iphone, tú no”.

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La benefactora

La mano de “Cunchita”

Desde que nacio sus padres le enseñaron la devoción a la “santa” de su tierra: La “Cunchita”, quien con su mano bendita cura todos los males de sus verdaderos devotos.

De niñita cuando le dolía la cabeza iba a su cuarto, se arrodillaba ante su imagen y con mucha devoción rezaba en voz alta “Cunchita pon tu mano bendita en mi cabezita, por favor”.

Cuando era una adolescente le dolían los dientes e inmediatamente desde donde estaba se persignaba, juntaba sus manos, agachaba su cabeza y decía “Cunchita pon tu mano bendita en mis dientes y saname”.

Después de casada sentía dolores en el pecho, entonces se acercaba al altar de su casa y le hablaba de igual a igual “Cunchita pon tu mano bendita y cúrame para que te prenda velas”.

Justo cuando su hijo mayor estaba por casarse le empezó a doler la barriga, se acerco a su imagen, la volteo y le dijo “Cunchita pon tu mano bendita, sino te quedas así”.

Pero un día, justo cuando regresaba de visitar a sus nietos, sintió unos deseos incontrolables de defecar; estaba en la calle de una ciudad desconocida, sin nadie cerca y el caso era desesperado y lo principal era evitar que “algo” saliera, tapar “ese lugar”. Entonces encontró la solución, alzo sus ojos al cielo y la conmino “Cunchita pon tu mano bendita; ¡y pobre que algo salga!”.

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La mano de “Cunchita”